El
pueblo de Santed se halla al suroeste de la provincia de Zaragoza,
a 99 kilómetros de la capital, casi en la frontera
con Teruel, en concreto, con la comarca de Calamocha. Pertenece
a la comarca del campo de Daroca, según la Ley 8/1996
de 2 de diciembre de Delimitación Comarcal de Aragón,
y dentro de esta comarca, a la unidad territorial de Campo
Bello, la más suroccidental.
Delimita el
municipio con los de Balconchán al Norte, Gallocanta
al Sur, Val de San Martín al Este y Used al Oeste,
siendo su extensión de 17,9 km cuadrados. Su altitud
sobre el nivel del mar es de 1.053 m. y su población
en 2001 era de 72 habitantes. La temperatura media anual es
de 10,6 ºC y la precipitación anual de 460 mm.
Se sitúa
Santed a los pies de la Sierra de Santa Cruz (Sistema Ibérico),
y muy cerca de la zona endorreica de la Laguna de Gallocanta.
El nucleo urbano, con la mayoría de sus casas encaladas
y de poca altura, se halla asentado en la falda del monte
donde se encuentra el castillo que domina el pueblo y con
la barranquera a sus pies, donde crecen chopos y olmos que
configuran una pequeña vega. Este arroyo, conocido
como el Barranco, nace en la parte trasera de Veldelacasa,
atravesando los términos de Santed y Gallocanta para
desaguar en la laguna cerca de la ermita del Buen Acuerdo.
Salvo en momentos de grandes avenidas, especialmente como
consecuencia de las tormentas o "tronadas" de septiembre,
lleva un caudal bastante pobre, aunque es capaz de crear una
pequeña huerta desde la ermita del Pilar hasta la de
San Pedro.
Santed se articula
en torno a una calle principal que atraviesa el pueblo de
este a oeste, desde la ermita del Pilar hasta la plaza, continuando
por la puerta de la iglesia y siguiendo hacia el oeste por
el peirón hasta la ermita de San Pedro. El resto de
las calles descienden hacia el arroyo o ascienden hacia el
castillo.
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En el lugar
de Santed, en otros tiempos llamado Sentet, Santet y Santez,
la ocupación se remonta a finales del Neolítico,
contando también con restos de la Edad del Bronce.
Probablemente de esta Edad, en sus periodos medio y final,
data el yacimiento de "El Pozo del Moro", con restos
de cerámica a mano, situado en lo alto de un cerro
a 1.300 metros al SE de Santed.
En el primer
milenio antes de Cristo, apareció la cultura celtíbera,
y de entre las tribus que la componían, fue la de los
Bellos la que se asentó en el valle medio y alto del
Jiloca, que fue ocupado por el Imperio Romano en el siglo
II a.C., durante las Guerras Celtibéricas. Por la zona
llegó a pasar una vía romana que unía
Laminium (en la provincia de Albacete) con Caesaragusta (Zaragoza).
Las ciudades
iberorromanas no existían ya cuando los musulmanes
entraron en la Península Ibérica, así
que para paliar esta situación, fundaron Daroca en
el s. VIII (Daruqa). Su gobierno estuvo, salvo un breve periodo
en que lo mantuvieron los Banu Qasi, en manos de los tuyibíes,
adictos a Córdoba durante los siglos IX y X. En 1018,
todo el territorio pasó al poder de los nuevos reyes
de la taifa independiente de Zaragoza, hasta que Alfonso I
el Batallador lo conquistó en 1120 para incoporarlo
al reino de Aragón. Alfonso I derrotó a los
almorávides de Cutanda el 17 de junio de 1120 y la
victoria en esa batalla supuso la incorporación de
todo el valle del Jiloca al reino de Aragón. En los
años siguientes se fortificó Daroca, se instaló
una Orden Militar en Monreal del Campo y se inició
la repoblación. En 1142, para asegurar la repoblación
de estos territorios de frontera, se concedió un fuero
a Daroca en el que se incluían amplísimos términos
a los que se otorgaban un conjunto de derechos, libertades
y privilegios desconocidos en la Europa feudal.
El fuero de
Daroca, que otrogaba iguales condiciones a cristianos, musulmanes
y judíos, se constituyó en un instrumento clave
para la atracción de pobladores y convirtió
a Daroca en cabeza de un amplio territorio sobre el cual actuaría
como una auténtica "señora feudal",
con plena jurisdicción sobre las aldeas. El dominio
de Daroca sobre las aldeas fue de tipo jurídico - político.
Daroca impuso la fiscalidad y la justicia, pero las aldeas
no tardaron en promover acciones para zafarse del poder que
los oficiales del concejo de Daroca ejercían sobre
ellas.
De este modo,
en 1248, las aldeas de Daroca se constituyeron en Comunidad
por privilegio del rey Jaime I. Daroca quedó excluída
de la Comunidad, aunque siguió manteniendo una importante
relación con sus aldeas. Las aldeas de la Comunidad
de Daroca pasaban a administrar sus intereses de forma autónoma,
estableciendo sus propias ordenanzas. Surgía de este
modo una nueva dialéctica entre la villa de Daroca
y sus aldeas. El territorio de la Comunidad tiene como base
el concedido a Daroca en el fuero de 1142, aunque ambos no
coinciden exactamente. La Comunidad de Daroca no permaneció
intalterable desde su formación hasta su desaparición,
sino que fue incorporando en distintas fechas sucesivos territorios.
La Comunidad estableció sus propios órganos
de gobierno, con sus oficiales (escribano, procurador y sesmeros),
que se reunían en plegas; e incluso consiguió
representación en las Cortes del Reino.
Además
de la Comunidad como gran unidad que engloba a las aldeas,
surgió la sesma como entidad administrativa menor,
intermedia entre la comunidad y la aldea. La Comuniad de Daroca
se dividió desde mediados del siglo XIII en cinco sesmas
(Trasierra, Río de Jiloca, Campo de Langa, Río
de Barrachina y Campo de Gallocanta), a las que a comienzos
del siglo XVI se sumó una sexta (Honor de Huesa).
Santed perteneció
a la sesma de Gallocanta, junto a Murero, Used, Orcajo, Retascón,
Villarroya del Campo, Balconchán, Las Cuerlas, Gallocanta,
Berrueco, Val de San Martín, Valdehorna, Villanueva
de Jiloca, Anento, Castejón de Tornos, San Martín
del Río, Báguena, Ferreruela, Odón, Bello
y Torralba de los Frailes.
La expulsión
de los judíos de 1492 no tuvo apenas repercusión
en la Comunidad de aldeas de Daroca, ya que no quedaban muchos
tras las presiones a las que habían sido sometidos
desde finales del s. XIV. Fue esta una época en la
que el rey Fernando II el Católico necesitaba recursos
para mantener su política e intereses internacionales,
por lo qeu en las Cortes de Tarazona de 1492 se decidió
elaborar un censo o fogaje, con fines recaudatorios. Se trata
del registro más completo de aragoneses qeu existe
entre la Edad Media y la Edad Moderna. Lo recoge Antonio Serrano
Montalvo en su obra La población de Aragón
según el Fogaje de 1495, editada en 1995 por la
Institución Fernando el Católico, el Gobierno
de Aragón y el Instituto Aragonés de Estadística.
De este modo podemos conocer los 30 fuegos (hogares, unidades
familiares de composición heterogénea) que había
ese año en Santed.
El s.
XVI fue uno de los más esplendorosos
para los pueblos del Jiloca, y gracias a ese periodo de prosperidad,
la Comunidad de Daroca pudo adquirir la Honor de Huesa, que
se incorporó como sexta sesma, formada por las villas
de Huesa y Baronía de Segura y los lugares de Blesa,
Muniesa, Josa, Anadón, Cortes, Plou, Maicas y Salcedillo,
que llevaban unidos provisionalmente desde 1503. Cuando en
1526 tuvo lugar la reconversión de los moriscos, desaparecieron
las comunidades mudéjares del Jiloca, aunque mantuvieron
encubiertamente su religión hasta la expulsión
definitiva de 1610, con el consiguiente perjuicio para la
agricultura o la alfarería, llegándose a recurrir
en muchos pueblos a la repoblación con catalanes y
franceses.
En el s.
XVII, la comarca del Jiloca sufrió
un retroceso en cuanto a ganadería e industria, advirtiéndose
en el mal estado de los campos, el abandono de algunos pastos
y montes y la degradación del paisaje y pérdida
de bosques. En la segunda mitad del siglo, la crisis se acentuó
en toda la zona: malas cosechas, peste y problemas políticos
hicieron descender la población significativamente.
El siglo
XVIII se inició en la Comunidad de
Daroca con el enfrentamiento civil en la Guerra de Sucesión.
Desde 1701, esta comarca fluctuó entre la fidelidad
a los Austrias y a los Borbones. En 1706 se libró una
batalla cerca de Calamocha en la que vencieron las tropas
proaustrias, pese a lo que toda la comarca cayó en
poder de los partidarios de la casa de Borbón. El triunfo
de Felipe V supuso el final de seiscientos años de
autonomía municipal para Daroca y su comunidad de aldeas.
Los cargos más decisivos serán desde ahora nombrados
por el rey. Esta centralización administrativa produjo
más inconvenientes que ventajas. Durante la primera
parte del siglo XVIII se atisbó un cierto desarrollo
económico, pero en la segunda mitad la economía
cayó en uno de los baches más profundos de su
historia, arrastrada por el anquilosamiento del comercio.
La Guerra de
la Independencia marcó el comienzo del s.
XIX. Las tropas napoleónicas tomaron
Daroca el 25 de junio de 1808, volviendo varias veces con
los consiguientes daños para la población. A
pesar de todo, la fiereza de las gentes de la comarca en la
defensa de sus tierras, hizo que tuvieran que instalar una
guarnición permanente en Daroca que durante cuatro
años impuso una administración al servicio de
los intereses franceses hasta que se liberó la comarca
en 1813. Siguió a ésta primera guerra carlista,
siendo la comarca escenario de las acciones del general Cabrera.
Desde principio
del siglo XII toda la comarca había estado unida administrativamente
por el fuero de Daroca y desde 1248 por la Comunidad de aldeas,
pero en 1833 se crearon las provincias y en 1838 se suprimió
la Comunidad. La antigua unidad quedó ahora dividida
y adscrita a dos de las tres nuevas provincias en que se dividió
el viejo reino de Aragón. La mitad norte (las sexmas
de Langa, Trasierra y Gallocanta, a la que pertenecía
Santed) qeudó en la de Zaragoza, con capital en Daroca,
y la sur en la de Teruel, con centro en Calamocha.
Al comenzar
el siglo XX,
y gracias al ferrocarril Valencia - Calatayud, hubo un despegue
de la economía agrícola y comercial en todo
el valle del Jiloca, surgiendo una nueva de clase obrera y
sindicatos, pero esta bonanza económica se truncó
por el acontecimiento más destacado en su primera mitad,
la Guerra Civil Española, quedando Santed, como el
resto de pueblos de la comarca, en zona nacional.
Tras el conflicto,
se entró en una fase de decadencia económica
y demográfica al quedar relegada a un segundo plano
en el trazado de las grandes vías de comunicación
y sin equipamientos industriales modernos.
A pesar de
ello, Santed se fue desarrollando de un modo progresivo, siendo
las principales mejoras en la localidad el abastecimiento
de aguas y asfaltado del total del casco urbano. La primera
de ellas llegaría en 1960, siendo alcalde Manuel Daga
Sanz. Con esta medida se paliaron los problemas de salubridad
y de escasez durante el verano. El asfaltado se llevó
a cabo en 1979, ostentando la alcaldía José
Luis Pardos Cubero.
Lamentablemente,
el descenso de población, en su mayor parte por emigración,
se hizo notar en la segunda mitad de la centuria pasada, al
igual qeu en el resto del entorno rural aragonés. Como
anécdota, anotaremos que el último curso de
la escuela de Santed, que estaba en el Ayuntamiento, fue el
de 1970 - 71, con 8 niños y 11 niñas matriculados,
y siendo profesora Mercedes Lucio Fuentes.
La década
siguiente siguió trayendo mejoras para el pueblo, adaptando
el frontón viejo a las reglamentaciones pertinentes
y construyendo un campo de fútbol.
En el presente
siglo, las instalaciones municipales siguen por buen camino,
ya que se estrenó en 2001 la piscina durante el verano,
y en 2002 ya funcionaba completamente durante los meses estivales.
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